Tanto Camerún
como Gabón cuentan
con bosques con altos índices de endemismos – especies que no se hallan en
otros lugares-. En Camerún, unos dos tercios de los bosques del país ya han
sido explotados una vez, mientras que la mayoría de los bosques de Gabón siguen
sin haber sido explotados hasta la fecha. La apertura de los bosques para
explotaciones forestales iniciales y muy selectivas ha llevado invariablemente
a un aumento del comercio de animales – incluyendo especies en peligro de
extinción legalmente protegidas, como los chimpancés y los gorilas de tierras
las tierras bajas. Esta explotación forestal "selectiva" ejerce una
enorme presión sobre el reducido número de especies arbóreas que actualmente
tienen valor comercial, muchas de las cuales aparecen en la lista del IUCN/WCMC
(Unión para la Protección Mundial/Centro de Control para la Protección del
Mundo) como especies en peligro de extinción. Además, después de la explotación
forestal, estos bosques cada vez se transforman más en cultivos forestales ya
que han perdido su potencial económico a corto plazo como bosques para la
explotación forestal.
Desde los años 70, en que se impulsó al
sector forestal por medio de la ampliación del ferrocarril a las partes más
orientales de este área, muchas empresas europeas han trasladado o ampliado sus
operaciones desde los sobreexplotados bosques de África Occidental. Como
consecuencia, su producción total de madera subió de 1 millón de m3, en 1975,
hasta casi 3 millones de m3 a finales de los 90. Gabón, el segundo mayor
productor de madera de África también produce actualmente unos 3 millones de m3
de troncos, y estuvo muy controlado por empresas europeas. Sin embargo, ambos
países ha visto crecer los intereses de empresas asiáticas – a menudo como
contratistas en zonas reservadas para asuntos nacionales.


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